50 Lagomorfos

Los lagomorfos son un orden perteneciente a los mamíferos placentarios.

Los lagomorfos son animales de tamaño pequeño a mediano, semejantes en muchos aspectos a grandes roedores. Hasta principios del siglo XX habían sido considerados como roedores pero existen considerables diferencias para desligarlos de ese grupo.

Los lagomorfos tienen dos pares de dientes incisivos superiores, frente al único par existente en los roedores. Los dientes incisivos son de crecimiento continuo, con una capa de esmalte. El segundo par de incisivos, situados posteriormente a los tradicionales, son notablemente más pequeños. Desde un punto de vista estrictamente anatómico, el esqueleto óseo, así como sus vísceras y sus músculos, se asemejan a los de los artiodáctilos.

Tienen una cola rudimentaria o corta. Los pliegues de la piel en los labios se juntan detrás de los incisivos de modo que pueden roer con la cavidad de la boca cerrada. Otros colgajos de piel son capaces de cerrar las fosas nasales. El cráneo (especialmente la parte del maxilar superior del rostro) es peculiarmente fenestrado. El paladar es corto.

Otra característica de los lagomorfos es la ubicación de los testículos en los machos, que se encuentran en frente del pene, como en los marsupiales.

Todos los lagomorfos son terrestres. Ocupan una gran diversidad de hábitats, desde bosques tropicales a la tundra ártica. Todos son herbívoros; se alimentan de pastos y otras plantas pequeñas. Tienen la capacidad de producir dos tipos de materia fecal, una húmeda que es comida de nuevo para una mayor absorción de los nutrientes, y otra que es seca y se desecha.

Reproducción de los conejos

La hembra no entra en celo como otros animales. Acepta al macho en cualquier época del año. Es una gran ventaja de este animal.

Los conejos alcanzan la madurez a los 5-6 meses y pueden continuar pariendo hasta los 4 años.

La gestación dura en la coneja 31 días y en cada parto produce de 1 a 12 gazapos. Puede entrar en gestación otra vez a los pocos días de parir. Sin embargo, no es una buena práctica dejar que la coneja quede preñada a los pocos días de parir. Es mejor cubrirla cuando sus gazapos tienen 4 semanas con lo que tendrán 8 semanas de edad cuando nazca la próxima camada. De esta forma, la coneja tiene 6 crías por año.

A las dos semanas del apareamiento podrá palpar los gazapillos a través de los flancos del vientre de la coneja.

El macho

Los conejos se mantienen tradicionalmente juntos. No obstante, conviene separar los machos de las hembras y no mantener a los primeros juntos para evitar que luchen. La coneja debe llevarse al macho para que la cubra y volverla después devolverse a su sitio. Los machos pueden utilizarse como sementales hasta que alcanzan los siete años. Si tiene muchos conejos juntos procure disponer de 1 macho por cada 15 hembras.

Parto y cuidados de los gazapos

La coneja necesita un espacio donde parir, que recubrirá con su pelo. No controle la camada hasta el día siguiente del pato y no la toque con la mano. Utilice una barita para tocar suavemente a los gazapos cuando los observe y para retirar alguno que pueda estar muerto. Son ciegos hasta que abren los ojos a los 10 días de edad.
Deje los gazapos con su madre. Pueden sacrificarse para carne a partir de los tres meses.
Determinación del sexo de los conejos
Es importante saber el sexo de los gazapos, para conservar las hembras y vender o matar los machos. Para determinar el sexo se examina la zona debajo del ano. En los machos viejos se aprecia con facilidad el escroto.

Las liebres y los conejos se parecen tanto, que muchos los confundimos. Efectivamente, forman parte de la misma familia (Leporidae), pero son especies distintas.

Las liebres son de mayor tamaño, con orejas y extremidades más grandes que los conejos. Las mayores diferencias, sin embargo, se encuentran en los recién nacidos. Para empezar, la gestación de las liebres dura 42 días, frente a los 30 de los conejos. Las liebres recién nacidas, llamadas lebratos, están completamente desarrolladas, pues nacen ya con pelo y con los ojos abiertos, mientras que los conejos nacen sin pelo, con los ojos cerrados, y son incapaces de caminar o regular su propia temperatura.

También encontramos diferencias en sus hábitos, pues mientras que los conejos son conocidos por las madrigueras que excavan bajo la superficie, que les sirven de refugio, las liebres viven en pequeños montículos de tierra. Además, las liebres son animales más solitarios que los conejos, que son más sociables y viven en colonias de distinto tamaño.

El ritual de apareamiento de las liebres es bastante curioso: la hembra hace que el macho la persiga durante varios kilómetros, probando así si es un buen candidato para ser padre; si lo consigue, se apareará con él. Sin embargo, si no está preparada para aparearse con un macho que la persigue, podría ponerse en pie, apoyándose en sus extremidades posteriores, y pegarle un buen derechazo.

Con este cortejo no pretenden solo divertirse, sino que también se mantienen en forma. La velocidad es algo fundamental para la supervivencia de las liebres, pues viven, como hemos dicho, en espacios abiertos. Mientras que los conejos se esconden en sus madrigueras ante la amenaza de depredadores, las liebres confían en la velocidad de sus carreras. Por ejemplo, la liebre común puede correr a 37 cuerpos por segundo, lo que, por otra parte, las convierte en malas candidatas a mascotas.